Francesco Tonucci tiene 85 pero no descansa, todavÃa recorre foros y eventos internacionales en los que continúa impulsando “La ciudad de los niños”, una propuesta pensada para que los más chicos crezcan en entornos que garanticen su autonomÃa.
El jueves 5 de febrero, el pedagogo italiano brindó una conferencia en el marco del ciclo de debates “Educación para construir futuros habitables”, organizado por el Consejo de Educación Municipal de Barcelona (CEMB) con el objetivo de “convertir la educación en una herramienta para fortalecer la cohesión social y dar respuesta a las desigualdades globales”.
Durante su intervención, titulada "La educación que hace habitable la ciudad", Tonucci profundizó acerca de La ciudad de los niños, su ya conocida propuesta de situar la infancia en el centro de las decisiones polÃticas; el derecho al juego libre y la importancia de “recuperar el espacio público como motor de desarrollo y autonomÃa para los menores”; y la escucha activa bajo la premisa de que “las ciudades y escuelas reconozcan a los niños como ciudadanos activos con voz propia”.
En declaraciones al medio español El Periódico, Tonucci se refirió a la tendencia de diferentes gobiernos que señalan a las polÃticas educativas más abiertas como culpables de la falta de resultados en el aprendizaje, con la consiguiente propuesta de volver a modelos basados en la disciplina. "Cada tanto surge alguien que dice que hay que volver a la tarima, a que los alumnos se levanten cuando entra un profesor. Y estos parece que sean los sÃmbolos de una escuela en serio, que funcionaba. Que fuera en serio, no lo sé. Que funcionara, seguro que no”, enfatizó
En la entrevista, Tonucci aseguró que “la escuela de hoy rechaza menos que la de antes, pero sigue sin ser querida por los alumnos” y consideró que el problema es creer que su papel es el de enseñar.
“El papel de la escuela lo tenemos escrito en la Convención de los Derechos de los Niños. Hay dos artÃculos sobre este asunto, uno es que debe haber una escuela gratuita y universal, para todos. La escuela nace para ofrecer igualdad de oportunidades. Y otro que señala que el objetivo de la educación es desarrollar la personalidad del niño, sus aptitudes y capacidades. Esa es la definición de educación, que involucra a la familia y a la escuela. (...) El problema es que la escuela está pensada en programas. ¿Cómo puede encajar un programa con la personalidad de este niño y de esta niña? El objetivo deberÃa ser desarrollar la personalidad del niño. De cada uno de los niños. La equivocación histórica es pensar que se pueden personalizar los programas, pero eso es una utopÃa”.
Cuando le preguntaron acerca del rol docente a la hora de relacionarse de la mejor manera con los estudiantes y el aprendizaje, sostuvo que las y los protagonistas de la escuela deben ser quienes estudian y no el plantel docente. “El maestro debe ser una persona muy profesional, muy preparada, cosa que hoy no es, para escuchar a los niños. Para darse cuenta de dónde quieren ir. En ningún curso universitario italiano se prepara a los docentes para escuchar a los niños. Escuchar a los niños no es una actitud natural. Es una competencia. Y el otro tema fatal de la escuela es la homogeneidad de edad en el aula. Es ridÃculo agrupar a las personas solo porque tienen la misma edad. No tiene ninguna razón cientÃfica ni educativa. Pensemos en la estructura más natural que tenemos, que es la familia. Normalmente en la familia no hay coetáneos”.
En relación a este punto, Tonucci consideró que agrupar al alumnado por edades tiene una “consecuencia fatal” que produce muchos errores educativos. “La diversidad da una riqueza enorme al aula si se sabe aprovechar”.
DEMASIADAS HORAS EN LA ESCUELA
Otro de los temas que Tonucci propuso en la entrevista está ligado al tiempo que permanecen las y los estudiantes en las aulas.
“Hoy la escuela está asumiendo un error fatal que es hacer más un papel de niñera que de estructura educativa. Es un error tener a los niños tantas horas en el colegio. Con una escuela bien formulada cuatro horas diarias serÃan suficientes. Pero el problema no es solo la escuela. En los años 80 ocurrió una revolución que nadie ha sabido explicar exactamente: las familias de muchos paÃses, los nuestros incluidos, decidieron que los niños no podÃan salir más de casa solos. Son 40 años. Son dos generaciones. Y eso ha hecho que los niños terminaran su relación con el juego. El juego ha desaparecido de la vida de los niños. Hay muchas formas para hacer actividades divertidas, de enseñar jugando, hacer una actividad fÃsica jugando, pero eso no es jugar. El juego debe ser inútil. Un niño juega para jugar, no para aprender. El juego de los niños, en su inutilidad, produce los aprendizajes más importantes de la vida. Albert Einstein, que algo sabÃa de lo que era importante, decÃa que el juego es la forma más alta de investigación. No de conocimiento, de investigación”.
LIBRES PARA APRENDER A VIVIR
La autonomÃa de los más pequeños está permanentemente en el discurso y la preocupación de Francesco Tonucci, quien propone romper con el miedo a la inseguridad que generan los peligros de la vida moderna en la calle y fomentar la libertad de movimiento: “Hay investigaciones que demuestran que los niños que van a la escuela con los padres en coche corren más riesgos que los que van solos con amigos. Un riesgo de los que van en coche es que lleguen a la escuela dormidos. Se despiertan en el pupitre y los profesores piensan que son niños con problemas de atención. Está demostrado que si los niños hacen una actividad fÃsica antes de empezar la escuela llegan más despiertos. Lo más importante es que los niños puedan tener una experiencia propia. Estos son aprendizajes espontáneos, fuera de casa, sin pantallas. Aprenden a conocerse, a conocer a los demás, a conocer los peligros, a buscar maneras para superarlos, viviendo la experiencia de la frustración si no lo consiguen, y del orgullo si lo ganan”.
Finalmente, el pensador calificó como “fundamental” a la independencia de los más pequeños. “Hoy nuestros hijos llegan a la adolescencia, a los 14 años, sin vivir nunca esta experiencia. Y vivirla por primera vez a los 14 es peligroso. Nosotros vivimos frustraciones a los 4 años, no a los 18. A los 4 años, después pasa, porque mañana volvemos a jugar. Esto es una vacuna: tocar el peligro, encontrar obstáculos, vivir un castigo, son vacunas que ayudan a entender cómo va el mundo”, concluyó.