América Latina tendrá una reducción de 38,3 millones de personas en edad escolar hacia el año 2050, un proceso se viene desarrollando desde 2020, según un análisis elaborado por la CEPAL y la UNESCO que examina cómo el cambio demográfico reconfigurará la educación en la región.
"La disminución de la población estudiantil modificará la demanda de docentes, las necesidades de infraestructura y la distribución de los recursos educativos", señala el artículo "El impacto de la caída de la natalidad en los sistemas educativos de América Latina", publicado en la edición 122 de Notas de Población, revista de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
El estudio, refiere el sitio de la UNESCO, "advierte que la disminución de la matrícula podría dejar disponible financiamiento, espacios educativos y modificar la disponibilidad de docentes. Estos recursos podrían reorientarse para reducir el número de estudiantes por aula, ofrecer una enseñanza más personalizada, ampliar la cobertura y fortalecer la educación inicial, secundaria y técnico-profesional, así como la formación docente y la atención de los territorios más rezagados".
Los autores, sin embargo, indican que estas oportunidades de mejora no se concretarán automáticamente. La región todavía enfrenta importantes brechas educativas: solo el 72 % de la población en edad de asistir a la educación preprimaria está escolarizada y alrededor del 41 % no concluye la secundaria. A ello se suma que la inversión educativa continúa siendo insuficiente para garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad. Por eso, una menor matrícula no debería conducir automáticamente a una reducción de los presupuestos, sino abrir una discusión sobre cómo redistribuir y reinvertir los recursos disponibles.
La región todavía enfrenta importantes brechas educativas: solo el 72 % de la población en edad de asistir a la educación preprimaria está escolarizada y alrededor del 41 % no concluye la secundaria.
En la investigación, señala el organismo internacional, se estima que, "hacia 2050, el cambio demográfico podría liberar alrededor del 30 % de los recursos financieros utilizados actualmente en cada nivel educativo, bajo el supuesto de que el gasto por estudiante se mantenga constante. Sin embargo, estos recursos podrían no ser suficientes para universalizar la cobertura en la educación obligatoria, mejorar la calidad y atender los niveles y territorios que presentan mayores rezagos".
El fenómeno no es actual y está en relación directa con la ya abordada baja de la natalidad. Según este informe, América Latina atraviesa desde hace décadas una acelerada transición demográfica. "Desde 1950, la fecundidad regional disminuyó de 5,8 a 1,8 hijos por mujer. Entre 2018 y 2023, las mayores reducciones del número de nacimientos se registraron en Argentina, Costa Rica, Chile y Uruguay", apunta.
Justamente, los efectos de este cambio demográfico aparecerán primero en los niveles que atienden a las niñas y los niños más pequeños, y se desplazarán posteriormente hacia la educación primaria y secundaria, afirma el trabajo.
“Estamos ante un cambio estructural que avanzará a distintas velocidades, pero que terminará afectando a todos los países. Anticipar sus consecuencias permitirá tomar mejores decisiones públicas”, señala Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (CELADE)-División de Población de la CEPAL.
Las simulaciones realizadas para Argentina, Costa Rica y Uruguay señalan que de mantenerse los niveles actuales de cobertura, en 2030 estos países tendrían cerca de un 20% menos de estudiantes.
Las simulaciones realizadas para Argentina, Costa Rica y Uruguay permiten dimensionar la magnitud y la velocidad de este proceso. Si se mantuvieran los niveles actuales de cobertura, en 2030 estos países tendrían cerca de un 20% menos de estudiantes. Para 2050, el tamaño de sus sistemas educativos podría disminuir entre un 32% y un 40%.
Chile ilustra con especial claridad la rapidez de esta transformación. Entre 2018 y 2023, el número de nacimientos disminuyó un 20,3%, mientras que la tasa global de fecundidad llegó a 1,17 hijos por mujer. Según las estimaciones y proyecciones utilizadas en el estudio, los nacimientos anuales bajarían de cerca de 176.000 en 2023 a 144.000 en 2050.
El artículo también destaca que la migración contribuye de manera importante a los nacimientos y al crecimiento de la población en países receptores como Chile. Este fenómeno confirma que el cambio demográfico no se distribuye de manera uniforme y que la planificación educativa no puede basarse únicamente en promedios nacionales. "Debe considerar, además, cómo evolucionan la natalidad, la matrícula, la migración y la distribución de la población en cada territorio", se apunta.
Los efectos de esta transición serán distintos en cada nivel educativo. La reducción de la demanda podría facilitar la ampliación de la cobertura en la educación inicial. En la educación secundaria, en cambio, todavía será necesario incorporar a más adolescentes, favorecer su permanencia y asegurar que concluyan sus estudios antes de que el descenso de los nacimientos se traduzca en una reducción sostenida de la matrícula.
Por ello, la existencia de cohortes menos numerosas no implica automáticamente que disminuyan las necesidades educativas. La región todavía debe incorporar a quienes están fuera del sistema, asegurar su permanencia y avanzar hacia la conclusión universal de los estudios. El desafío será aprovechar el cambio demográfico para cerrar estas brechas, en lugar de limitarse a reducir la capacidad de los sistemas educativos.
El desafío será aprovechar el cambio demográfico para cerrar estas brechas, en lugar de limitarse a reducir la capacidad de los sistemas educativos.
El descenso de la natalidad no tendrá los mismos efectos en todas las comunidades. Algunas escuelas perderán matrícula, mientras otras podrían mantenerla o incluso aumentarla debido a la migración o al crecimiento de determinados territorios.
Por ello, el estudio recomienda integrar datos sobre nacimientos, matrícula, migración y localización geográfica para anticipar dónde será necesario reorganizar la oferta educativa, redistribuir recursos o reforzar determinados servicios.
“No se trata solo de saber cuántos estudiantes habrá, sino dónde estarán y qué necesidades tendrán. Una planificación basada en datos territoriales puede evitar decisiones tardías y mejorar la pertinencia de la educación”, afirma Alejandro Vera, especialista en Educación de la Oficina Regional de la UNESCO en Santiago.
La caída de la natalidad, entonces, "no se traducirá por sí sola en mejores sistemas educativos", concluye el trabajo. "Para convertir esta transformación en una oportunidad, los países deberán anticipar sus efectos, resguardar la inversión educativa y orientar los recursos hacia las personas y los territorios que más los necesitan".
Fuente: www.unesco.org/es
